Perlas de agua dulce: qué son y cómo distinguirlas

Collar de perlas cultivadas de agua dulce Eien, Julietas

Casi todas las joyas de Julietas llevan perlas cultivadas de agua dulce. Es un nombre que se repite mucho y que no siempre se entiende del todo, así que vamos a explicarlo despacio.

Qué es una perla cultivada

Una perla se forma cuando un molusco recubre con nácar un cuerpo extraño que ha entrado en su interior. En una perla natural ese cuerpo entra por azar; en una perla cultivada lo introduce una persona, y el molusco hace el resto durante meses o años. La perla cultivada es una perla de verdad, hecha de nácar, con la misma luz y el mismo tacto. La diferencia con la natural está en cómo empezó, no en de qué está hecha.

Agua dulce frente a agua salada

Las perlas de agua salada (Akoya, Tahití, mar del Sur) se cultivan en ostras marinas, normalmente una perla por ostra, y suelen ser muy redondas y muy uniformes. Las perlas de agua dulce se cultivan en mejillones de río y de lago, y cada mejillón puede dar varias perlas a la vez. Suelen ser algo menos redondas, con más variedad de formas y de tonos, y con un nácar muy grueso, porque la perla es nácar casi por completo. Eso las hace resistentes y les da una luz suave, menos espejo que la Akoya.

Perlas barrocas

Dentro de las de agua dulce, las perlas barrocas son las que no son redondas: alargadas, onduladas, con formas propias. Son las que más nos gustan. Piezas como Sabi, Nami o Le Baroque están hechas con ellas, y por eso no hay dos iguales.

Cómo saber si una perla es de verdad

Hay una prueba sencilla que puedes hacer en casa: frota la perla suavemente contra el borde de un diente. Una perla de nácar se nota ligeramente rugosa, como arena muy fina. Una de plástico o cristal es completamente lisa. También puedes mirarla de cerca: una perla de verdad tiene pequeñas irregularidades en la superficie y un brillo que parece venir de dentro; una imitación es demasiado perfecta y brilla solo en la capa exterior. Y si tienes dos perlas iguales al milímetro, probablemente no sean perlas.

Por qué elegimos agua dulce

Por dos razones. Porque el nácar grueso aguanta bien el uso diario, que es para lo que hacemos nuestras joyas. Y porque la variedad de formas y de luz nos deja elegir cada perla una a una para cada pieza, hasta dar con la que le va. Si quieres que duren, en la guía de cuidados te contamos cómo limpiarlas y guardarlas.